August 19, 2015

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Cerebro e inteligencia emocional temprana

La inteligencia emocional es un tema del que se habla mucho, y al que siempre se le reconoce su importante función en el ámbito psicológico, educativo, social y laboral. Un hombre y una mujer emocionalmente inteligentes saben identificar sus sensaciones y reconocer las emociones que sienten en un momento dado o por una determinada persona; son capaces de expresarlas de forma proporcionada al contexto y con la persona adecuada. Asimismo pueden reconocer y sintonizarse empáticamente con las emociones de los demás, comportándose consecuente y debidamente. Estas capacidades, complejas a la vez que indispensables, otorgan a las personas un poder increíble en cuanto que les permiten conocerse profundamente a sí mismas y relacionarse con el mundo exterior de manera plena, honesta y responsable, tanto personal cuanto profesionalmente.

 

En el artículo anterior hemos hablado de rabietas y sobre todo del desarrollo emocional de un niño durante sus primeros años de vida, proceso entrelazado con su desarrollo cerebral (¿os acordáis del cerebro infantil visto como una casa de dos pisos en obras? ¿Y de las funciones del cerebro inferior reguladas por las funciones del cerebro superior?). Dadas estas consideraciones sobre cerebro, desarrollo y educación emocional temprana, nosotros padres debemos de tener muy clara cuál es nuestra misión con nuestros hijos:

la de acompañarlos durante el largo camino de crecimiento personal educándoles de una manera que les permita progresar hacía la responsabilidad, la seguridad y la madurez emocional, para su bienestar presente y futuro.

 

¿De qué manera podemos ayudarles a progresar emocionalmente?

 

En primer lugar ofreciéndoles oportunidades para desarrollar y ejercitar su cerebro superior (el piso de arriba de su pequeña casita en obras que se encarga de funciones complejas, entre las cuales razonar, planificar, imaginar, tomar decisiones sensatas, regular emociones, sentimientos y empatizar), para que no sea el cerebro inferior a tomar el control en situaciones de emociones intensas.

 

  • Invitémoslos a tomar decisiones en el día a día, dejando que elijan la ropa para vestirse, un plato de la comida o una actividad para hacer el fin de semana. De esta manera los ayudamos a conocerse a sí mismos, favoreciendo el razonamiento, la imaginación y el sentimiento de responsabilidad.

  • Démosles la manera de experimentar las habilidades empáticas preguntando sobre los demás y sus emociones (teniendo en cuenta que la empatía es una competencia que no empieza a desarrollarse antes de los 4 años): "¿Por qué crees que ese niño está llorando al lado del columpio?" "¿Por qué piensas que tu hermanito está gritando con papá?" "¿Por qué crees que tu compañero te ha empujado esta mañana en el patio?"

  • Cuando interactuamos con nuestros hijos preguntémonos siempre a que parte de su cerebro estamos apelando. Cuando no es estrictamente necesario, en lugar de entrar en una lucha de poder con ellos y usar el categórico “¡No, porque lo digo yo!”, activador del cerebro inferior y de sus emociones reactivas, hagamos preguntas, planteemos alternativas positivas, negociemos con ellos, para activar la parte superior de su laboriosa mente (“En vez de seguir saltando sobre el sofá, ¿porque no vamos fuera a jugar con la bici?" "¿Cuántos trozos de calabacín crees que serían una cantidad justa para ti? ¡Negociemos la comida!")

  • Enseñémosles alternativas adecuadas para expresar el enfado y la ira y trucos sencillos para tranquilizarse, utilizando palabras y cuerpo. En un principio, con niños de primera infancia o en edad preescolar, podría ser útil tener a mano un “cojín de la rabia” (en casa o en el coche), en el que afondar la cara y gritar o simplemente para expresarle verbalmente el propio estado de ánimo (“¡¡Estoy enfadado!!"). De tal manera, los niños aprenden poco a poco a asociar al lenguaje su valor catártico empezando a utilizarlo para expresar el enfado. Sucesivamente, algunas maneras para volver al equilibrio podrían ser contar hasta 5 o 10 (según la edad) o respirar hondo escuchando los latidos del corazón. Asimismo, acentuar con la cara las expresiones faciales de las distintas emociones pasando de una a otra varias veces (por ejemplo de la rabia a la alegría) es un ejercicio útil para incentivar el cambio de uno estado anímico al otro. Para saber más sobre juegos y técnicas de relajación para niños, cómo la técnica de los colores o los ejercicios de tensión y relajación muscular, echa un vistazo a mi artículo ¡Mamá, papá, vamos a relajarnos!

  • Después de un momento de tensión ayudémosles a encontrar o recuperar el equilibrio psicológico a través del movimiento corporal: el ejercicio físico, o el simple movimiento, libera sustancias químicas que reactivan el cerebro y sus conexiones neuronales.

 

¿Os acordáis de los dos lados del cerebro superior, el lado derecho emocional y creativo y el izquierdo lógico? Para que un niño pueda vivir sus experiencias plenamente y de forma consciente es fundamental que sus dos hemisferios cerebrales trabajen juntos y de manera integrada, como si fueran un único equipo.

 

  • Cuando nuestro hijo está alterado y actúa de manera agresiva o descontrolada, conectemos emocionalmente con él y con su hemisferio derecho, empatizando con su estado de ánimo, antes de poner límites o recurrir a explicaciones lógicas; dejemos que la emoción siga su curso y ofrezcamos al niño comprensión y apoyo para tranquilizarse. Una vez que nuestro hijo se sienta “sentido” por nosotros y haya recuperado la calma, utilicemos el hemisferio izquierdo para razonar con él sobre lo ocurrido y hablar de las consecuencias de su conducta, poniendo límites y normas.

  • Después de un acontecimiento que preocupa o angustia al niño, en lugar de olvidar, ayudémosle a que cuente una y otra vez toda la historia de lo sucedido, para que el hemisferio izquierdo del niño pueda encontrar y ofrecer un sentido a la experiencia emocional de su hemisferio derecho, favoreciendo la comprensión y quitándole poder al miedo. De esta manera ayudaremos a nuestros hijos a integrar también su memoria autobiográfica y a manejar los recuerdos más dolorosos o inquietantes.

 

Permitir a nuestros hijos sentir y expresar sus emociones es el primer paso para ayudarles a crecer emocionalmente inteligentes. Sucesivamente intentemos con mucha paciencia y constancia educarles para que sean capaces de comprender y manejar todo el abanico emocional que pueden llegar a probar en su día a día; esto les ayudará a crecer de forma sana y a construir una identidad sólida y segura, siendo honestos consigo mismos y con sus emociones y respetando los sentimientos de las personas de su alrededor.

 

 

 

 

Imagen 1: 'Inteligencia emocional 02x500 ' Found on https://blog.casapia.com/como-ensenar-a-los-ninos-a-ser-emocionalmente-inteligentes/

 

Imagen 2: 'Feel or think' Found on Flickr.com

 

Imagen 3: 'Mother and daughter' https://pixabay.com/es/madre-e-hija-el-amor-padre-mam%C3%A1-2078075/

Founded en Pixabay.com

 

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